Harris Glenn Milstead, mejor conocido por su personaje Divine, nació en Baltimore, EEUU en 1945. Divine fue más que una drag queen: fue el símbolo de una estética deliberadamente fea y exagerada que rompió con el buen gusto, lo que la convirtió en la “Reina del Trash”.
Divine encontró su lugar en el mundo del arte gracias a su relación con el director John Waters, también de Baltimore. Se conocieron en los 60s y pronto formaron parte de un colectivo conocido como los Dreamlanders. Fue con Waters que Divine protagonizó algunas de las películas más infames del cine independiente, como Pink Flamingos (1972). En esta película, Divine interpreta a una criminal obsesionada con ser “la persona más repugnante del mundo”, en la escena final come excremento de perro real, momento que marcó al cine underground para siempre.
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Pink Flamingos (1972)
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La colaboración entre Waters y Divine no solo definió el cine “trash”, también la llevó al corazón de la cultura queer y punk. Divine era un desafío viviente a las normas de género, a la estética dominante de Hollywood y a la moral conservadora de la época. Su cuerpo corpulento, sus maquillajes exagerados, su actitud desafiante y sus actos extremos la convirtieron en un icono. Películas como Female Trouble (1974) y Hairspray (1988) fundaron su fama y legado. En Hairspray, su rol más “familiar” como madre de la protagonista, Divine mostró que podía actuar más allá de lo grotesco.Divine falleció en 1988, tras sufrir un problema cardíaco. Es considerada la Reina del Trash no solo por sus papeles, sino porque convirtió lo despreciable en arte. Su legado vive en la cultura drag actual y en el hecho de que lo que una vez fue considerado repulsivo, hoy es celebrado como expresión auténtica.